miércoles, 23 de septiembre de 2009

Tratamos de taparlo con un dedo

Es como mirar un partido de tenis. Ese movimiento de cabezas que muy por encima algún día nos causará un mal. Al fin y al cabo no cobran por ver, imagínate si sucediera, se hacen ricos conmigo. Claro, sé que cobran por ir a ver al estadio un buen partido de fútbol o malo, no sabes lo que pasará.
Pero ¿Cuántas veces no nos hemos visto envueltos en el sacrificio de observar a una persona? No importando que estemos con nuestra respectiva pareja (diría Karla: No tengo ni las piernas parejas... pero bueno), a veces hasta hacemos un cariñito, un abrazo, un beso (pero con los ojos abiertos, claro está) para poder observar a aquél ser que nos sorprendió, pudiera ser que no como un partido de tenis, ¿verdad? pero en sí, son síntomas de humanismo.
Mas o menos por ahí va el camino. Recuerdo aquellos días de antaño en los que me hacía enojar que un hombre se le quedara viendo a una mujer, quería asesinarle, lincharle, tenía el sentimiento de querer reinaugurar una nueva santa inquisición que haga valer los placeres y convertirlos en dolor interno o externo, según sea el caso.
Hoy en día, días en los que no puedo dejar de ver a una mujer. No es por lépero, enfermo (dirían algunos), es porque gusto de admirar la belleza, no importando así su físico, razgos naturales, voces, estaturas. Es como aquél delfín que gusta de nadar en el agua sólo por ser su naturaleza, o el ave que recorre kilómetros para tener un mejor ambiente para vivir.
Recuérdoles que siempre han sido puntos de vista míos... Comenta acerca de ello...

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