martes, 9 de marzo de 2010

Con un porro de mota

A partir de las mitocondrias de la imaginación esclavizada, la real clorofila que produce el limo de fuera con sus verdes amarelas hojas, oscilan en un campo gravitatorio donde el electromagnetismo congela los electrones que circulan en la brevedad posible.
Enanos danzando rituales de lluvia al rededor de un automovil que al parecer no deja de moverse, los vegetales que traen en manos y parecen estar degustando son como pequeños estallidos de bombas nucleares con colores vistosos, lustrosos... unos con matizes fluorecentes que resaltan de sus pequeñas extremidades.
La luna parece bajar a través del parabrisas del cual se rompe a cada instante en el que va callendo la estrella. Al ver en este rito la amargura que provocan las plantas al degustar los pequeños seres, aparece frente a ellos un colosal dragón que rompiendo las máscaras de cada uno de ellos, hace ver sus verdaderos rostros. Creo muy en el fondo ver la realidad de la cosas, que mareado, descepcionado y un poco deprimido aún puedo visualizar cosas que no muchos harían.

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