En una interacción de relación madre-hijo me he llegado a dar cuenta de que muchas veces sin el querer, pero consientes de que estamos errando, metemos culpables a nuestras acciones, a problemas que suceden, a los sucesos que están pasando al momento o que han pasado.
Tal vez sea éso la razón de mi inseguridad, de esta forma de ser que no me deja tener una vida normal, no puedo siquiera acercarme a la chava que me gusta, tengo miedo de estar al lado de Alondra, me quedo callado en muchas ocasiones y hasta Katherin me llegó a decir que enfado al estar diciendo frases pesimistas. Y vaya, es cierto, después me dí cuenta de ello, muy tarde, pero muy verdadero.
Seguiendo con los culpables, volteamos a nuestro al rededor y buscamos al primero que se nos tope. Esta vez fue mi turno, he sido el culpable de que a mi madre se le olvide la canción que estaba cantando, como siempre, no era yo el del problema, es la mala memoria que tenemos muchos, el pésimo uso que le damos al cerebro. Empero, entre más escuchaba esa canción, marchito se entornaba el corazón de mi cuerpo, ya que hablaba de los temas que aún miedo tengo a ellos. Un terrible temblor corporal invocaba a mi mente a decir "que ya calle, que no prosiga o será la terrible noche antes del día de la fiesta", así fue, traté de hacerla callar pero se resistió, siguió con su canto, pasaron los versos de la canción y ya no supo lo que seguía. Fue allí cuando el culpable salió, Héctor había tenido la culpa de que se le olvide la canción a esta señora madre mía sólo por haber interrumpido una estrofa de la melodía, pero no, su mala memoria es lo que causa terribles sombras en las cosas de las que nos ocupamos.
Cuando yo tengo mis desgracias digo "Dios, Héctor, ¿qué pasa contigo?", pero hasta ahí, no trato de meter a un segundo o un tercero (no sé ni para qué sirven, pero los uso), recuerdo la última vez que metí a un tercero. Él estaba ahí escuchándome, como si estuviera esperando a que termine de reprocharle todas mis heridas (error que cometemos muchos, Él ya las sabe). Sin embargo, al terminar de reclamarle, me sentí tan aliviado de mis traumas que pasaban en ese momento. No me queda más que decir que cualquier cosa, comentario, duda, sugerencia, reto (¿verdad Kath?), háganlo saber, no sabemos la reacción del otro, aunque lo conozcamos a la perfección, esto último no existe. Yo, haré lo posible por tratar de ser más gentíl.
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